
Son las 10 de la mañana, bajo del auto y leo un cartel en la entrada de la casa de Elva Aguirre que me recibe y que dice «Bienvenidos». Adentro están sus dos compañeras de equipo, Teresa Yolanda Pachao y María Elena Liendro, mi abuela.
Ellas son tres de las doce futbolistas de «11 Corazones», un equipo que estaba conformado por: Teófila Primitiva Corregidor, Carmen Rosa Morales, Elva Aguirre (13 años), Alvarez (15 años), Estela de Alvarez (15 años), Eva Valencia (16 años), Teresa Yolanda Pachao (15 años), Marta Torres (14 años), Nélida Rodriguez (16 años), «Pirucha» Quispe (16 años), Lucia Alvarez (16 años), María Elena Liendro (26 años) y el DT Raúl Guantay.
Mientras me Eva pasa el mate me cuenta que a ella la invitó una amiga a jugar un día un partido y así comenzó una experiencia que no olvidaría jamás. Se formó un equipo con jóvenes de distintas edades pero con una misma motivación. Entrenaban de 2 a 6 de la tarde, dos o tres veces por semana en las canchas del INTA y en el Club Atlético Cerrillos.
Elva, cambia el tono y hace una aclaración respecto a sus padres.
«Mis padres me decían: ¿Cómo vas a ir a jugar al fútbol?»
Elva Aguirre, ex jugadora de «11 Corazones».
Dicen que empezaron jugando con los equipos de los distintos barrios de la zona y que en un momento necesitaron definir su nombre y decidieron llamarse «11 Corazones de Cerrillos». Aquí entra una persona importante en la historia y es la esposa del DT, de quien no recuerdan el nombre: me cuentan que eran un matrimonio al que le gustaba el fútbol y sobre todo era ella quien las incentivaba a jugar y a entrenar indicándoles cuánto debían correr y cómo debían «tirarse al piso». En cambio el DT, se encargaba de indicarles cómo debían jugar en el partido, cómo patear, cubrir o defender y que también les remarcaba al final del partido: «¡Te perdiste un gol!». Ellos se encargaban de organizar los encuentros, se formó un equipo que jugó poco mas de dos años y que vivió victorias y derrotas.
Las miro y las tres tienen un montón de recuerdos sueltos que van uniéndose y dan forma a una parte es sus vidas que ha quedado en sus memorias y en la foto. Una imagen en blanco y negro que les tomaron antes de disputar el partido, que pertenece quizás a algún domingo del`71, del `72, o del `73, en alguna cancha de Cerrillos, La Merced, Campo Quijano o en Rosario de Lerma. Están formadas cada una con su camiseta, su pantalón y sus medias blancas. Me cuentan Teresa y mi abuela que todas tenían zapatillas, salvo dos compañeras a quienes sus padres les habían comprado botines.
Se acuerdan las tres que en la cancha se formaban según la altura: «Las más altas iban atrás, luego las otras al medio y las mas chiquitas adelante». Yolanda era la más alta y por eso lideraba la defensa, en el medio, jugaba Elva y en el arco, con sus guantes estaba María Elena. Dicen que mi abuela era una muy buena arquera, Teresa me dice que sacaba todas las pelotas.
Pasaron casi cincuenta años y me cuenta mi abuela que muchas se fueron a vivir a otras ciudades, como Elva que en su juventud se fue a vivir a Buenos Aires. También me explica que hay muchas compañeras que «ya no están» y en ese momento Elva y Teresa hacen un silencio. Han pasado muchos años, muchas cosas y observo que las tres habían recordado tanto, que habían vuelto a sentir su juventud y aquel tiempo en que desafiaban los prejuicios que generaba esta práctica ejecutada por mujeres.
Me pregunto hoy cuántas de nuestras abuelas y madres habrán jugado al fútbol y tendrán anécdotas de aquellos primeros pasos del fútbol femenino en Salta. «11 Corazones de Cerrillos » fue un equipo que marcó historia y no por sus partidos ganados, sino por la hazaña de haber jugado a este hermoso deporte y convertirse de ésta manera en Nuestras Pioneras del Fútbol Femenino.
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